Una comunidad nómada donde mandan los ancianos y las mujeres pueden levantar una casa entera por sí solas: te presentamos a uno de los pueblos más fascinantes que existen
En el corazón del continente africano, entre Kenia y Tanzania, donde la vida salvaje se encuentra con la majestuosidad de la naturaleza, vive un pueblo tan colorido como un atardecer en el Serengeti: los masái.
Nosotros los conocimos de cerca. Vivimos entre ellos, participamos en las tareas de su comunidad y experimentamos su cultura en primera persona. Y solo podemos decirte una cosa: dejamos allí un pedacito de nuestro corazón, en las aldeas masái.
En este artículo queremos ayudarte a conocerlos mejor, mostrarte al menos una pequeña ventana a este pueblo tan increíble. Y, por qué no, quizás después de leerlo todo quieras conocerlos aún más y estés list* para viajar con nosotros a Tanzania en un viaje de 10 días dedicado a la Maasai Experience.
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La sociedad masái: todo gira en torno a los ancianos
Los masái han llevado el concepto de respeto por los ancianos al siguiente nivel.
¿Sabes cuando tu abuelo llega a casa y se adueña del mando para cambiar de canal y poner otro programa de debate político?
Ahora imagínalo multiplicado por mil: entre los masái, quienes mandan son los ancianos; más concretamente, un consejo de ancianos que tiene la última palabra sobre casi todos los aspectos de la vida comunitaria, desde la justicia hasta los acontecimientos que afectan a su sociedad.
Además, elaboran las normas para toda la comunidad, basándose en tradiciones orales transmitidas de generación en generación. Y actúan como jueces en todas aquellas situaciones en las que esas normas no se respetan.
¡Son realmente poderosos! Pero ¿cómo se llega a ser uno de ellos?
Dentro del pueblo masái, el camino para alcanzar los niveles más altos de la sociedad es largo y exigente, y está marcado por una gran cantidad de ritos y tradiciones que acompañan el paso por las distintas edades de la vida.
Básicamente, una persona masái atraviesa 4 etapas: iniciado, moran (es decir, guerrero), anciano joven y anciano. Pero en realidad, cada una de ellas se divide en otros niveles, cada uno con ceremonias de iniciación específicas que constituyen uno de los pilares fundamentales de la sociedad masái.
Podríamos quedarnos aquí describiéndote cada uno de estos aspectos con todo detalle, pero la mejor manera de apreciarlos es convivir de cerca con ellos y vivir una experiencia de intercambio humano y cultural como ninguna otra: exactamente lo que te proponemos con nuestro viaje en grupo a Tanzania Maasai Experience.
Masái... ¡menuda experiencia, verdad!
Un pueblo nómada donde las mujeres son una fuerza de la naturaleza
Durante siglos, los masái han sido nómadas o seminómadas, con una forma de vida marcada por las necesidades del ganado. En su cultura, los animales de cría no son solo animales, sino verdaderos símbolos de riqueza y estatus social: para un masái, todo gira en torno al número de vacas, cabras y ovejas que posee, y el ganado es el corazón de su economía, su cultura y su identidad.
Sin embargo, los tiempos cambian para todos, y ellos también están empezando a asentarse más, adaptando sus viviendas y su estilo de vida a estancias más largas en un mismo lugar.
En todo esto, resulta interesante observar que entre los masái solo los hombres se encargan del ganado, su principal fuente de riqueza. En resumen, existen roles de género, pero lo más interesante es que las verdaderas protagonistas son las mujeres: son ellas quienes gestionan todos los aspectos de la vida doméstica e incluso construyen las casas de principio a fin.
¿Y sabes cuál es la característica más llamativa de estas casas?
Que están diseñadas para desmontarse y reconstruirse en otro lugar, facilitando así el modo de vida nómada de los masái cuando los pastos se agotan.
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¿Sabías que, al contrario de lo que mucha gente piensa, los masái también veneran a un único dios?
Por desconocimiento, muchos europeos tendemos a creer que el islam, el judaísmo y el cristianismo son las únicas religiones monoteístas del mundo, y que todos los demás pueblos veneran a una multitud de divinidades.
Pues no es así en absoluto: para los masái también existe una sola figura suprema celestial, llamada Enkai, creador de todo lo que existe. Lo más interesante es que Enkai puede asumir múltiples identidades según su estado de ánimo, lo que se manifiesta en un cambio de color. En particular, los masái reconocen dos: Narok (negro), el benevolente que aprecia a todos, y Nanyokie (rojo), el airado.
Al parecer, al principio Enkai vivía con los seres humanos aquí en la tierra. Un día, sin embargo, se cansó y decidió irse al cielo, llevándose consigo todo el ganado. Una vez allí, se dio cuenta de que no había hierba en absoluto y pensó: “¿Y ahora cómo voy a alimentar a todas estas vacas y cabras hambrientas?”. Después de pensarlo bien, se le ocurrió enviarlas de nuevo a la tierra, y así todo el ganado quedó confiado a los masái.
Y eso es todo: él se queda allí arriba disfrutando de la buena vida mientras aquí abajo ellos cuidan de su ganado.
Quienes actúan como intermediarios entre Enkai y el pueblo masái son los Oloibon, los sacerdotes masái: personas nombradas por los ancianos para servir como guías espirituales de su pueblo y con un profundo conocimiento de todos los aspectos rituales y ceremoniales de la comunidad. Se les considera prácticamente al mismo nivel que a los propios ancianos, hasta el punto de que su opinión puede influir a menudo en la del consejo.