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¡Las 6 ciudades cubanas más bonitas y más chulas!

Desde carruajes coloniales hasta tinajones gigantes, desde puros enormes hasta salseros desatados: ¡bienvenido al caos más grande del mundo!

Cuba no es solo La Habana con sus locos coches de época y música a todo volumen desde los balcones. Es una isla donde cada ciudad parece la protagonista de una película, con plazas que cuentan dramones históricos, fachadas coloniales que suplican ser admiradas y bares que te sirven mojitos más rápido de lo que puedes decir “¡otro más (perdón, hígado), por favor!”.

Este viaje es un salto entre edificios vintage que necesitan urgentemente un buen retoque, callejones con obstáculos al estilo “Juegos sin fronteras” y plazas que parecen gritarte: “¡bienvenido al caos más grande del mundo!”.

Así que aquí tienes las 6 ciudades cubanas que no te puedes perder: rincones del mundo donde el tiempo se ha detenido (quizá para tomarse también un mojito), donde la música se te mete en las entrañas y donde hasta tú, que solo bailas si se te mete una abeja en los calzoncillos, acabarás moviéndote al ritmo de la salsa.

Afloja el cinturón, prepárate para hacer sitio a todo el arroz con frijoles que vas a comer y lánzate a este carrusel tropical. ¡Vamos!

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1. La Habana: donde el tiempo baila al ritmo de la salsa

La Habana es la ciudad que te planta Cuba al 100% en toda la cara: calles destartaladas con coches más viejos que Raúl Castro, muros coloridos pero desconchados, ancianos con puros tan gruesos como mangos de escoba y música que se te mete por todos lados.

La primera parada es La Habana Vieja, el corazón histórico: una concentración de plazas, iglesitas antiguas y palacios coloniales, con abuelitas cubanas mirándote con curiosidad.

Aquí te sientas en un café al aire libre sobre una silla tambaleante y observas a la gente pasar: artistas callejeros, niños descalzos, visitantes de todas partes y gatos despeluchados.

Después te recomiendo un paseo por el Malecón, el malecón más famoso de Cuba y, probablemente, el lugar donde pasa de todo. Te sientas en el muro con el mojito reglamentario en la mano (porque sí, aquí parece que destetan a los niños con ron), charlas con cualquiera, desde el pescador filósofo hasta el chaval que intenta cobrarte por ver el atardecer.

Si quieres ponerte aplicado, visita el Museo de la Revolución para entender que la historia de esta isla no está hecha solo de turistas sudorosos en camiseta de tirantes. Y al final de la mañana, brinda también por Hemingway en La Bodeguita del Medio.

2. Trinidad: estilo colonial con mambo y ruido de cascos

Pasemos a Trinidad, una ciudad que parece un plató de cine donde el director se olvidó de decir “corten”. Calles empedradas, casas de colores pastel, carruajes tirados por caballos y gente que sonríe como si hubiera ganado la lotería. Aquí el tiempo se quedó atrapado en el pasado, y lo mejor es no liberarlo.

El corazón es la Plaza Mayor, donde puedes perderte entre mansiones coloniales tan bonitas que dan ganas de abrazarlas, iglesitas de postal y museos llenos de historias sobre ingenios azucareros y, por desgracia, esclavitud.

Si te apetece ponerte intelectual, entra en el Museo Romántico o en el Museo Histórico Municipal, pero prepárate: las escaleras solo son cómodas si eres medio cabra montés, y la humedad te hará sudar todo el ron que te hayas bebido.

A dos pasos de la ciudad se abre el Valle de los Ingenios, con antiguos ingenios azucareros y torres panorámicas; en aquella época aquí se producía azúcar a lo loco y los dueños lo controlaban todo (normal que la gente se enfadara y montara la revolución).

3. Santiago de Cuba: revolución, carnavales y cementerios embrujados

Si piensas que en Cuba todo el mundo está tranquilo fumando puros a la sombra, es que no has visto Santiago. Esta es la ciudad que puso en marcha la revolución, la cuna del son (¡un baile en pareja muy sexy!) y del carnaval más desatado del mundo.

Lo mejor es el Castillo del Morro, una fortaleza colgada sobre el mar que te hace sentir como un pirata un poco desgraciado en un pedalón. Si quieres un poco de historia, visita el Cementerio de Santa Ifigenia, donde también está Fidel Castro, pero habla bajito: Fidel podría despertarse y soltarte una charla de 8 horas sobre los males del capitalismo.

Por la noche, métete de lleno en el ambiente de la Casa de la Trova, un local donde la música no para nunca y los cubanos te hacen bailar aunque tengas dos pies izquierdos. Y si tienes suerte, quizá coincidas con el Carnaval de Santiago; si eso pasa, prepárate para la locura más salvaje que puedas imaginar. Un DELIRIO, de verdad.

4. Cienfuegos: un poco de Francia en el Caribe, ¡parbleu!

En cuarto lugar está la ciudad que no te esperas: Cienfuegos, conocida como “La Perla del Sur”. Aquí no está el caos de los puestos llenos de mil cachivaches, sino una elegancia que te hace decir: “bueno, bueno, sin pasarse”.

Es herencia francesa, y se nota, ¡parbleu!

Si te apetece algo aún más singular, entra en el Palacio de Valle, un lugar a medio camino entre Las mil y una noches y un castillo medieval.

Para una pausa verde y para bajar el alcohol, está el Jardín Botánico de Cienfuegos, con plantas tropicales de todo tipo —entre planeta alienígena y Jurassic Park— y aves de colores intensísimos.

5. Camagüey: un laberinto de callejones y tinajones gigantes

Bienvenido a Camagüey, la ciudad del “¿pero adónde demonios voy?”. Aquí las calles son un rompecabezas sin instrucciones para resolver borracho. Callejones todos iguales y placitas que aparecen como compuertas estelares salidas de las alcantarillas: aquí se perdería hasta el mismísimo minotauro de vacaciones.

La ciudad es famosa por los tinajones, grandes recipientes de barro usados para recoger agua. Están por todas partes y son enormes.

En la Plaza del Carmen encontrarás estatuas de gente haciendo cosas cotidianas como charlar o llevar bolsas, pero de algún modo parecen más interesantes que nosotros. Puedes quedarte mirándolas, disfrutar del humo pasivo del puro o sentarte a preguntarte cómo vacían esas vasijas sin acabar estampados.

6. Santa Clara: donde el Che Guevara te mira mal si no visitas el memorial

Aquí estamos en el gran símbolo de la Revolución cubana, prácticamente el reino del Che Guevara: ¡parece que hasta los recién nacidos aquí leen a Marx, llevan boina y lucen barbita descuidada!

Si no vas al Mausoleo del Che, prepárate: podría salir del póster clásico y darte una colleja en tu bonita cara burguesa.

Pero Santa Clara también tiene un aire joven y universitario, y está llena de música, arte callejero y locales donde tomar algo mientras escuchas bandas improvisadas. Pasea por el centro, charla con los chicos en la plaza, entra en una galería de arte o en un bar cualquiera. Te sentirás como en casa.

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Cuba: ¡el rompecabezas de ciudades más loco de América Latina!

Y aquí llegamos al final de nuestro recorrido por las 6 ciudades cubanas más geniales.

La Habana, Trinidad, Santiago, Cienfuegos, Camagüey y Santa Clara: cada una tiene una personalidad completamente distinta de las demás, pero siguen siendo hermanas de la misma familia. Cada una te regala una parte de Cuba y te hace entender que esta isla no está hecha solo de playas y cócteles, sino también de historias, culturas entrelazadas, revoluciones y arquitecturas imprevisibles.

Coge la mochila, desempolva tu viejo póster del Che, dale un besito en la frente y vente con nosotros a Cuba durante 13 días. Y, sobre todo, prepárate para volver a casa con una gran nostalgia de Cuba, un lugar maravilloso donde cada ciudad es una parada en el viaje más loco de todos.

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