Rocas gigantes, senderos alucinantes y la sensación de que el mundo es mucho más increíble de lo que pensabas
Hoy te llevo a Zion National Park, ¡un lugar tan espectacular que aquí la Madre Naturaleza se lució de verdad!
Estamos en Utah, en el suroeste para ser exactos, a tiro de piedra, como diría mi abuelo, de St. George (unas 40 millas), en medio de la nada más absoluta. Pero créeme: esta “nada” es BRUTAL.
Zion es el parque nacional más antiguo y más visitado de Utah, ¡con nada menos que 4,5 millones de visitantes al año! Y hay una razón por la que todo el mundo viene hasta aquí: ¡el Zion Canyon! Un cañón gigantesco, esculpido por el río Virgin, que te hace sentir diminuto.
Pero basta de charla: vamos a ver estas maravillas. ¡Vamos con todo!
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Zion Canyon: la maravilla colosal que te deja sin palabras
Zion Canyon es la razón por la que te tragas horas de vuelo y las charlas de tu vecino de asiento en el avión.
Paredes de roca de cientos de metros de altura, monolitos que parecen catedrales góticas salidas de la mente de Kubrick (el director, no el del cubo de Rubik), colores que van del rojo fuego al naranja brillante, todo ello esculpido por el río Virgin durante un millón de años (o quizá más, ¡no soy un divulgador científico!).
Es una auténtica locura visual, te lo digo yo, una verdadera fiesta para los ojos. Y para disfrutarlo bien, tienes un montón de opciones: desde la más cómoda, el autobús lanzadera gratuito (¡sin líos de aparcamiento!), hasta la versión hardcore, recorriendo kilómetros de senderos a pie.
Great White Throne y la Corte de los Patriarcas: nombres aburridos para rocas de otro nivel
Entre todas estas maravillas geológicas, hay algunas que destacan más que las demás. El Great White Throne, por ejemplo, es el símbolo más famoso de Zion, un monolito de 670 metros que te hace sentir como un gnomo de jardín. Luego está la Corte de los Patriarcas, un espectacular trío de picos rocosos.
Y no nos olvidemos del Watchman, una formación rocosa situada justo en la entrada sur del parque que, a distintas horas del día, cuando la luz del sol juega sobre sus superficies, crea una paleta de colores que va del rojo intenso al dorado.
¡Una pasada!
Angel’s Landing: ¡el sendero que hace huir hasta a tu ángel de la guarda!
Si te gusta el riesgo y no sufres de vértigo, tienes que hacer sí o sí Angel’s Landing.
Este sendero es súper famoso por ser VERTIGINOSO, con tramos estrechísimos y precipicios que pondrían los pelos de punta hasta a los montañeros más curtidos. Hay cadenas para agarrarte, pero si tienes miedo a las alturas, mejor déjalo, ¡o acabarás viendo a los ángeles y Zion antes de tiempo!
Eso sí, si lo consigues y llegas arriba, la vista es una barbaridad. Se abre ante ti todo Zion Canyon en toda su grandeza: ¡UNA LOCURA MARAVILLOSA!
The Narrows: el lugar en el que te sentirás… divino
Si en cambio eres más de “pies en el agua y relax”, entonces tienes que probar The Narrows. Este sendero es único porque se hace caminando dentro del río Virgin.
Sí, has leído bien: te metes en el agua y avanzas entre las paredes del cañón, que se van estrechando cada vez más, hasta volverse tan angostas que casi puedes tocarlas con las manos.
Es una experiencia increíble: prácticamente caminas sobre el río… y de ahí a sentirte milagroso hay solo un paso.
Si tienes suerte, quizá también veas algún animalillo a lo suyo (pececillos, ranas, quizá hasta un castor pensando en construir una presa, ¡quién sabe!).
Kolob Canyon y Kolob Arch: la paz escondida de Zion
En la parte noroeste del parque está Kolob Canyon, una zona menos conocida pero igual de espectacular, con cañones más estrechos y salvajes. Y aquí también se encuentra el Kolob Arch, un arco natural gigantesco, uno de los más grandes del mundo con sus 95 metros de luz.
Kolob Canyon es perfecto si quieres escapar de las multitudes de Zion Canyon y disfrutar de la naturaleza en santa paz (o casi, según cuánta gente te encuentres también aquí). Hay senderos menos concurridos y paisajes impresionantes: en resumen, una auténtica joya escondida.
De los pueblos indígenas a los mormones: la historia movida de Zion (pero interesante, ¡lo juro!)
Zion no son solo rocas y cañones, también es historia, ¡y vaya historia! Ya hace 1.500 años, estas tierras estaban habitadas por los pueblos anasazi, que dejaron viviendas en ruinas y arte rupestre.
Después llegaron los Paiute y, finalmente, en 1858, un tal Nephi Johnson, un mormón que puso un pie aquí y debió pensar: “¡QUÉ MARAVILLA, ESTO PARECE EL PARAÍSO!”. Y ahí empezó todo.
En 1861, otro mormón, Isaac Behunin, se construyó una cabaña y llamó a este lugar Zion, que en hebreo significa “lugar sagrado”.
Y la verdad, viendo estos cañones, sí que tiene algo de sagrado. Luego llegaron más colonos y construyeron granjas, ferrocarriles y túneles (como el increíble túnel de la Zion-Mount Carmel Highway), haciendo un enorme trabajo para que Zion fuera accesible para todos. ¡Y menos mal!
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Zion hoy: ¡un montón de cosas increíbles que hacer!
Hoy Zion es un parque nacional súper bien organizado, con autobuses lanzadera gratuitos que te llevan por Zion Canyon (evitando tráfico y contaminación, ¡bien hecho!). Hay senderos para todos los gustos, desde el paseo suave para familias hasta la excursión extrema para expertos en montaña.
Puedes hacer barranquismo, escalada, rápel, excursiones a caballo… en resumen, aquí hay diversión de sobra para los amantes de la aventura.
Eso sí, en temporada alta hay muchísima gente, pero si vas fuera de temporada (por ejemplo, en invierno) o eliges senderos menos transitados, podrás disfrutar de Zion en toda su belleza.
Así que hazme caso: Zion National Park es un lugar que tienes que incluir sí o sí en tu lista de “sitios que ver al menos una vez en la vida”.
Y si quieres vivir este viajazo sin complicaciones, sin tener que organizar nada y con un grupo de gente tan viajera como tú, entonces no te puedes perder el viaje en grupo de 14 días por Estados Unidos y los Grandes Parques de Sto Gran Tour. ¡Reserva ya: Zion te espera con los brazos abiertos y los cañones de par en par!