¿Quieres hacer una guerra de bolas de nieve con el fantasma de Gengis Kan? Descubre la mejor época para llegar a la Tierra del Eterno Cielo Azul
¿Quién demonios te metió en la cabeza la idea de irte a Mongolia? Quizá Gengis Kan te guiñó un ojo desde un libro de historia. O tal vez te atrae la idea de instalarte en una ger (la tienda tradicional de estas tierras), en medio de una estepa impresionante que hace que la bora de Trieste parezca poco más que una brisa ligera.
Sea como sea, has decidido meterte en un lugar donde el invierno te lanza -40°C y el viento te despeina hasta las cejas.
Y has hecho muy bien, añado, porque Mongolia es absolutamente fascinante y un destino que deberías visitar al menos una vez en la vida.
Esta guía sirve para entender cuándo merece la pena arriesgarse a que se te congele todo lo congelable, con tal de ver un país maravillosamente extremo.
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De mayo a octubre: cuando la estepa no te congela hasta los huesos
En Mongolia, el concepto de “calor” es casi una broma. Aun así, entre mayo y octubre las temperaturas empiezan a ser más llevaderas, incluso para quienes no son leopardos de las nieves. La estepa da menos miedo y el Gobi se calienta de verdad. Durante estas semanas, incluso podrías quitarte el gorro de lana sin parecer completamente temerario.
Las noches siguen siendo frescas y las lluvias pueden aparecer entre julio y septiembre, pero nada dramático. De hecho, unas gotas entre los pastos de caballos y ovejas pueden hacer que el paisaje resulte todavía más poético.
Solo cuidado con el calzado: los charcos de barro pueden convertirse en auténticas trampas para tus pies. Si caes en uno, prepárate para una batalla total con el barro mongol.
De junio a agosto: la mejor época para ir
Junio, julio y agosto representan el mejor momento para quienes quieren descubrir Mongolia en su versión más amable. El desierto del Gobi, en teoría, se cuece al sol y puede hacerte sudar de pies a cabeza, pero al menos no te congelas. Los pastos del norte se transforman en grandes extensiones verdes que parecen sacadas de una postal, con cabras, caballos y pastores salpicando el paisaje.
Eso sí, tenlo en cuenta: también es la temporada de lluvias, sobre todo en el norte. Nada exagerado, pero si una simple llovizna te arruina el día, quizá prefieras quedarte resguardado en la ciudad.
El desierto del Gobi en julio: calor intenso para auténticos aventureros
¿Tú también eres un apasionado del desierto como yo? Perfecto, pero el verano no es precisamente la estación más fácil… a menos que tu signo del zodiaco sea lagarto en sauna.
En julio allí te asas como un pollo al horno, con 30 grados que parecen meterse por todas partes. Por la noche refresca un poco, pero sigue haciendo suficiente calor como para terminar sudando.
Si te gusta ese calor seco que parece absorberte hasta el alma y quieres revolcarte entre las dunas, adelante: es tu momento de gloria. Pero durante el día, con el sol golpeando sin piedad, probablemente te preguntes por qué decidiste ir.
Eso sí, por la noche, cuando levantas la vista y ves un cielo lleno de estrellas, entiendes perfectamente por qué el viaje merece la pena.
Ojo con el Naadam: el festival de julio con todo completo
Si estás pensando en ir a Mongolia en julio, debes saber que entonces se celebra el Naadam, ¡el evento más espectacular del año! Es la fiesta nacional, una auténtica celebración en la que puedes disfrutar de competiciones de lucha, carreras de caballos emocionantes y habilidades con el arco dignas de leyenda.
Durante esos días, los nómadas dejan sus tiendas en la estepa y llegan en masa a las ciudades, a menudo con toda la familia.
Encontrar una cama libre en este periodo puede ser bastante complicado.
Si piensas sumarte a la fiesta, reserva con mucha antelación; de lo contrario, encontrar una habitación en julio puede resultar casi imposible.
Primavera: una época impredecible, pero más suave
¿Te atrae la idea de viajar a Mongolia en abril o mayo?
Bueno, en estos meses las cosas se vuelven un poco más manejables... Eso sí, no esperes el Caribe. Aquí las estaciones intermedias son muy cambiantes: un día parece casi verano y al siguiente llega una ráfaga de viento que te recuerda perfectamente dónde estás.
Si te gusta viajar con tranquilidad, sin las multitudes del verano, y no te asusta un poco de fresco variable, entonces puede ser una gran idea.
La estepa despierta de su letargo invernal, y los pastores están encantados de ofrecerte leche de yegua fermentada (aviso importante: tiene un sabor muy particular). La naturaleza se muestra en toda su belleza, de una manera que puede dejarte sin palabras… o temblando, según sople el viento.
¿Te va la aventura? ¡Vete en invierno!
Si te gusta la Aventura con mayúsculas y no te da miedo convertirte en un polo humano, prepárate, porque aquí no hace frío sin más: hace un frío brutal e increíble, por debajo de -40°C.
Ulán Bator es una de las capitales más frías del planeta. Las temperaturas bajan tanto que los termómetros parecen rendirse, y el viento puede sentirse realmente feroz.
Pero si eres de los que disfrutan de las condiciones extremas, entonces encontrarás paisajes nevados impresionantes y una belleza extraordinaria. Eso sí, este no es lugar para ropa ligera. Necesitarás equipo serio, con ropa térmica que hasta los osos polares envidiarían.
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¿Quieres viajar a Mongolia? Elige la época ideal… o, si eres valiente, la más dura
Después de todo esto, queda una pregunta: ¿cuándo conviene ir a Mongolia?
Si no quieres convertirte en un iceberg humano, apuesta por los meses de mayo a octubre. Junio, julio y agosto son los mejores por sus temperaturas más suaves, aunque la lluvia puede molestarte en el norte y el calor puede agotarte en el sur.
Si no temes ni al calor ni al frío, y quieres ver el famoso Naadam, ve a Mongolia en julio, pero reserva cuanto antes: o podrías acabar durmiendo con los caballos.
Ahora que ya sabes casi todo sobre las locuras climáticas de esta tierra extrema, hazte un favor: reserva un viaje a Mongolia con Sto Gran Tour. Te llevaremos directamente al corazón de la estepa y también al desierto del Gobi, con un programa inolvidable listo para enfrentarse a los vientos siberianos y descubrir paisajes de ensueño. Porque Mongolia no es solo un destino: ¡es una prueba de valentía!
¿A qué esperas? Mochila al hombro y en marcha: ¡que Gengis Kan te acompañe!