Una reserva natural con más de 900 macacos: entre robos, persecuciones y paisajes de postal, una experiencia que te dejará sin palabras (y quizá sin gafas de sol)
¿Conoces esos lugares de postal donde piensas que vas a encontrar paz, armonía y quizá hasta un poco de zen? Pues olvídalos.
El Bosque de los Monos de Ubud, en Indonesia, no es nada de eso.
Vale, hay templos y santuarios increíblemente chulos, pero aquí eres tú contra una horda de monos ladrones, listos para convertirte en un blanco andante.
¿Robos? Seguro. ¿Agresiones? Posibles. ¿Mordiscos? Solo si tienes mala suerte. Pero al menos tendrás una historia increíble que contar.
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¡El paraíso de los monos (y el infierno para tus objetos brillantes!)
El Bosque de los Monos de Ubud, o Santuario del Bosque Sagrado de los Monos para los amigos, es una reserva natural de 10 hectáreas habitada por más de 900 macacos de cola larga.
“¡Oh, qué monos!”, pensarás. ¡Ni de broma!
Estos adorables diablillos no son más que bandas de atracadores de cuatro patas, listas para convertir tu tarde en la jungla en un auténtico caos.
¿Gafas de sol? Desaparecidas. ¿Mochila? Saqueada. ¿Plátanos? Casi mejor ofrecérselos enseguida, antes de que te los quiten con toda habilidad.
Primera regla del juego: no lleves nada que puedan robarte. Segunda regla, igual de importante: ¡no los mires a los ojos! Para ellos es prácticamente un desafío, y podrían saltarte a la cara, ¡no es broma!
¡No solo monos cleptómanos, también templos alucinantes!
Debes saber que el bosque se extiende sobre 12,5 hectáreas y, según la religión hindú balinesa, se considera un verdadero santuario al aire libre.
En resumen, el Bosque de los Monos no es solo el reino de los monos cleptómanos, sino también un lugar sagrado y fascinante. Aquí encontrarás templos antiquísimos que se remontan a 1350, puentes envueltos por raíces gigantescas y una atmósfera mística única en el mundo.
Está el Pura Dalem Agung, dedicado a Shiva, donde se dice que hasta los monitos se detienen para hacer una pequeña oración. La zona frente al templo, además, es territorio exclusivo de un grupo de macacos conocidos por su extraña pasión de auténticos gourmets: ¡se comen los cangrejos del bosque!
Luego está el Pura Beji, el templo del Agua Sagrada, y el Pura Prajapati, donde se celebran los ritos de cremación. Lástima que estos lugares estén reservados para los fieles.
Para nosotros, los visitantes, solo queda la zona de los monos. Qué se le va a hacer.
El planeta de los simios es real: “¡o el plátano, o la vida!”
Los monos de Ubud están organizados en cinco bandas, cada una con su propio territorio, como en una película de mafiosos. Pero no te engañes pensando que respetan las fronteras. Entre peleas entre ellos y robos a los turistas, siempre encuentran la manera de animar el día.
Su dieta está teóricamente bajo control: el personal del parque los alimenta tres veces al día con batatas (quizá para mantenerlos tranquilos), pero tú también puedes comprarles plátanos. Y solo plátanos, nada de cacahuetes, galletas ni pan.
¿Por qué? Porque aquí los monos reciben un buen trato.
Y ahora viene lo mejor: estos monos no tienen ni idea de lo que significa la palabra NO. Si ven comida, la quieren. Si intentas esconderla, la encuentran. ¡Si no se la das, te registran!
Por eso, no lleves comida contigo (a menos que estés dispuest* a perderla). Los monos de aquí tienen el olfato de un perro trufero y los reflejos de un ninja. Spoiler: siempre ganan ellos.
“No me mordió, solo me probó”
Vale, hablemos de un pequeño e insignificante detalle: los monos muerden.
No todos, claro. Solo los que deciden que eres una amenaza o, peor aún, que estás escondiendo algo rico.
El personal del santuario, armado con tirachinas (sí, has leído bien), intenta mantener el orden intimidando a los monos más agresivos. Pero si uno de ellos decide que hoy quiere probar una muñeca humana, puede que ya sea demasiado tarde.
En caso de mordiscos o arañazos, no entres en pánico: el parque cuenta con un centro médico de primeros auxilios.
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Una aventura inolvidable entre templos antiguos y monos traviesos
Visitar el Bosque de los Monos de Ubud es algo que no olvidarás fácilmente. Será por los templos antiguos, por la jungla impresionante o, más probablemente, porque un mono te habrá robado los zapatos. En cualquier caso, volverás a casa con anécdotas que nadie querrá creer.
Prepara la mochila, sujeta bien tus cosas y prepárate para un encuentro cercano con el lado más salvaje (y loco) de Bali. El planeta de los simios te está esperando. No olvides los plátanos.
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