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Safari Sto Gran Tour

¿Cómo se formó el Gran Cañón? Lo que no querías saber sobre la sima más famosa del mundo

Millones de años de trabajo duro que dieron origen a uno de los ecosistemas más increíbles que existen

¿Alguna vez te has preguntado cómo el Gran Cañón llegó a ser tan... grande?

Si tu respuesta es sí, entonces has cometido un gran error y has caído en nuestra trampa: ¡ha llegado el momento de otro episodio de la saga “las explicaciones exageradas de Sto Gran Tour”!

Prepárate para lo peor y disfruta de la historia del Gran Cañón mal explicada.

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Gota a gota, la roca se excava y el desierto sale perdiendo

El protagonista de nuestra historia es el río Colorado, un auténtico escultor de la naturaleza, solo que sin barba ni boina de artista.

Para crear esa obra maestra que es el Gran Cañón, se levantó de la cama hace millones de años (y luego te quejas cuando te toca madrugar para ir al trabajo), se puso su mono de obrero y se dedicó año tras año a excavar entre las rocas.

¡Menudo trabajazo!

Después, hace algo menos de un millón de años, el Colorado recibió ayuda de algunos volcanes de la zona, que también contribuyeron a formar el desfiladero, dejando claras huellas de actividad volcánica que todavía hoy pueden verse.

Nuestros héroes tuvieron que enfrentarse a capas de roca de distintas épocas, cada una con su propia historia que contar. Hay piedras calizas que hablan de mares antiguos, areniscas que recuerdan a desiertos arenosos y rocas volcánicas que dan testimonio de erupciones furiosas.

¿El resultado?

Un cañón impresionante que se extiende a lo largo de 446 kilómetros, con una anchura que varía de 18 a 28 kilómetros y una profundidad que supera el kilómetro. Toda una obra maestra de la Madre Naturaleza, que nos deja con la boca abierta ante su fuerza.

Aves enormes (de las emplumadas, ¿eh?), murciélagos y ratones saltarines

Vale, vale, lo sabemos: el Gran Cañón es famoso por sus rocas rojas y sus alturas de vértigo.

Pero ¿sabías que también es un auténtico paraíso para la biodiversidad? Aquí la naturaleza realmente se lució, creando una mezcla de flora y fauna que no encontrarás en ningún otro lugar.

Empecemos por la segunda.

¿Has oído hablar alguna vez del cóndor de California? Sí, esas aves gigantes con una envergadura bestial. En décadas pasadas, estos pobres animales estuvieron a punto de desaparecer.

¿Y adivina de quién fue la culpa?

Exacto, como siempre, de nosotros los humanos, que parece que no podemos evitar meter mano y complicarle la vida al mundo animal. Por suerte, gracias a enormes esfuerzos de conservación, los cóndores han vuelto a sobrevolar el Gran Cañón, haciendo el cielo un poco más fascinante (y también un poco más concurrido).

Y luego hay un montón de otras especies fantásticas, como los lobos grises, las ardillas de Abert y los diminutos murciélagos que recorren las cuevas de la zona.

¡Y no solo criaturas “normales”!

En el Gran Cañón también se pueden encontrar rarezas como la rata canguro de Merriam, un roedor que salta como un canguro y tiene cara de hámster en un día rarísimo. O el cacho de Sonora, un pez tan pequeño que podrías perderlo en un vaso de agua.

Arbustos inmortales, cactus criticones y pinos engañosos

Luego está la flora.

Si piensas que el desierto es solo arena y rocas, vas mal encaminado. El Gran Cañón es un auténtico jardín botánico, con más de 1.700 especies de plantas adaptadas a todo tipo de climas y terrenos, desde pequeñas flores que parecen pintadas por un artista hasta arbustos superresistentes que probablemente llevan ahí desde hace siglos.

Y luego, por supuesto, están los cactus, ahí plantados, probablemente juzgando en silencio a todos los visitantes que pasan.

En el borde del cañón se elevan bosques enteros de coníferas, y también encontrarás auténticas praderas de montaña que florecen en primavera.

Algunas de estas plantas son realmente especiales.

Pensemos, por ejemplo, en el agave, que puede vivir durante cientos de años y florecer solo una vez, en una explosión de flores amarillas que atrae a abejas y mariposas de todo el cañón. O en el pino amarillo, que en realidad no es amarillo en absoluto, cuyas agujas liberan un aceite perfumado que ayuda a prevenir incendios.

En definitiva, tanto si te apasiona la botánica como si simplemente sientes curiosidad, la flora del Gran Cañón tiene muchísimo con lo que sorprenderte. Y si necesitas un poco de sombra para refrescarte de las temperaturas abrasadoras del desierto, siempre puedes refugiarte bajo un fresco álamo del Colorado.

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En conclusión

El Gran Cañón es realmente impresionante, una maravilla total, sobre todo si tienes la oportunidad de vivirlo en persona.

Un poco como hacemos nosotros durante nuestro itinerario por California, durante el cual ofrecemos a los participantes la posibilidad de hacer una parada justo aquí, explorando el cañón desde arriba a bordo de una avioneta.

Increíble, ¿verdad?

Consulta el programa de nuestro viaje en grupo al Golden State y empieza a preparar la mochila. ¡Te esperamos en la próxima salida!

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